Esas miradas que te atrapan, que solucionan discusiones, que enamoran locamente a dos personas. Si, esas que dicen sin hablar. Que se pierden entre el humo de un cigarro, que nunca se olvidan. Aquellas que son tímidas y apenas duran dos segundos. Las que son demasiado orgullosas y se sostienen en un frío duelo.

Las que hielan la sangre, las que hacen que te acerques. Las inmortales y las de dos viajeros desconocidos de un mismo tren. Las que llevan la palabra deseo y las que son simple curiosidad. Las que se regalan dos mujeres, o dos hombres, o un hombre y una mujer, todas igual de especiales. Las que se hacen a escondidas, las que están mal vistas.
Las miradas que forman parte de un juego abstracto, las que iluminan un día gris. Las que sonríen y las miradas que lloran. Las culpables de una noche de pasión sin límites, o quizás de una historia de amor. Las miradas que embellecen paisajes, o las captadas en una perenne fotografía. Esas que lo controlan todo.

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