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Me encanta que me susurren al oído, que me hagan cosquillas por el cuello, que cada beso vaya seguido de un te quiero, que cada minuto de mi vida sea una anécdota para contar, que me digan la verdad y que me cojan de la mano mientras paseo. Me encanta ver las gotas de agua resbalar por el cristal pensando cual llegará antes, fingir fumar con el vaho cuando hace frío, escribir su nombre en el cristal empañado al salir de la ducha, comer nocilla con el dedo e intentar hacer equilibrio en el borde de la acera. Me encanta pasar un semáforo solo pisando lo blanco del paso de cebra, sonreír y saludar a extraños, y que ellos me devuelvan el saludo. Y lo que más me encanta es que sean felices todos los de mi alrededor.

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viernes, 14 de octubre de 2011

La vida se cae, y tú con ella detrás.

Te haces daño, heridas y te dan ganas de llorar, y lloras. Otras veces, la vida sonríe, ríe, canta y es tan feliz, que se le olvida el daño de sus caídas y a ti también. Hay personas que ponen las trampas, las piedras y... otras que van por delante de tu camino y te las van quitando, pero, sin que te des cuenta. Y en un momento están a tu lado para ver como sonríes al no caerte con ellas. Podemos elegir a cualquier persona en nuestra vida, pero, mientras avanzas por el camino hasta tu final, te das cuenta de qué tipo de personas tienes a tu lado vas quitando, vas poniendo y esto sigue... En el momento en el que caes con la misma piedra, o te vuelves a hacer un daño tremendo, sabrás más o menos esquivarlas y sabrás ver, por qué piedras merece la pena caer y, te darás cuenta, de que casi no merece la pena caer por ninguna, porque solo tienes una vida, una razón para sonreír y esa es vivir. La vida, en definitiva son un par de cosas: elegir, sonreír y siempre, siempre, siempre; seguir hacia delante.

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